Piriápolis
La existencia de la ciudad de Pirlápolis, enmarcando su clásica playa, se debe a la gestión sin igual llevada adelante por Francisco Piria. Este hombre fue quine allá por 1890 se hizo con todas las tierras comprendidas entre el Cerro pan de Azúcar y la costa del Océano y que estaban en manos de los herederos de don Leonardo olivera (antiguo propietario de la estancia que ocupaba toda esa región).
El empuje pionero de Piria se basaba en la edificación de un gigantesco balneario que se proyectara hacia el futuro y que estuviera desarrollado en aquel extenso marco natural, rodeado por sierras y cerros. Tras la compra de las tierras, inició el proceso de dotar de una infraestructura adecuada a los futuros veraneantes. Esas ideas pioneras de Francisco Piria cuajaron en la edificación de un inameno hotel (actualmente conocido con el nombre de Argentino Hotel), el puerto de Pirlápolis y la cuidad zona de la rambla. Además, se encargó de hacer forestar toda la zona para lograr mayores espacios abiertos y acrecentar la vista del viajero que se topaba con la zona.
En líneas generales, puede decirse que Pirlápolis es una ciudad de relativa tranquilidad, que recibe año tras año un importante caudal de turistas (provenientes de todas partes del mundo). Además de las amplias extensiones circundantes de cerros (donde resalta el color verde como un indicador natural del ambiente que rodea al balneario), la playa propiamente dicha tiene su continuidad natural en una serie de balnearios más pequeños que funcionan como extensiones de la playa central y que están ubicados a ambos lados de la zona donde se encuentra emplazado el puerto.
Partiendo desde Pirlápolis, y avanzando hacia el este, el viajero podrá encontrarse con Punta Negra y Punta Colorada, dos majestuosas extensiones de rocas que cercan playas de carácter paradisíaco y una zona del tipo residencial que, lentamente, está cobrando expansión. |