I Sell the Dead
"Nunca confíes en un cadáver" le dice Arthur Blake (Dominic Monaghan) a su confesor, el Padre Duffy (Ron Perlman) mientras espera sufrir la misma suerte que su socio Willie Grimes (el estupendo Larry Fessenden): ser decapitado por saquear tumbas. El film narra una larga noche entre el condenado y su oyente, donde en forma de pequeñas capsulas, Blake va narrando como se metió en el negocio de robar cuerpos, en anecdotas por demás siniestras teñidas apenas de apuntes de humor negro, y cómo de repente oficio tan siniestro comenzó a volverse particular, por decir lo menos. En la Londres victoriana, Blake y Grimes, son dos personajes oscuros, pero simpáticos y en perspectiva inofensivos comparados con todo lo demás que uno se puede cruzar.
El film lentamente comienza a abandonar el horror sobrio de su inicio para ir incursionando en el humor más de golpe y porrazo a cada capsula. Las anecdotas comienzan a ser delirantes y el efecto de la pelicula, difuso. No todo causa risa y por el contrario, en ocasión de algún limite es transgredido en perjucio de si mismo. De todas formas, el director Glenn McQuaid se las ingenia para mantener el tono y aportar personajes interesantes (la pandilla Murphy, por ejemplo) que le permiten llegar hasta el final y salvar, apenas pero salvar aún, el día.
El Horror/Humor es un subgenero no poco usado, pero ultimamente ha tenido un 'revival'. Films como el noruego "Dead Snow" o la también inglesa "Lesbian Vampire Killers" son algunos de los ejemplos de lo que podríamos llamar "humorada cargada de hemoglobina". No es apta para todos los paladares.
|